viernes, 1 de marzo de 2013

El límite del deseo (Ángeles Caídos #1)- Azahara Vega



Sinopsis:




Detalles del producto:


Formato: Versión Kindle
Longitud de impresión: 463
Vendido por: Amazon Media EU S.à r.l.
Idioma: Español
ASIN: B0084V77VM

ISBN-10: 1477513094
ISBN-13: 978-1477513095





Damaris estaba harta de ser el ángel de la Guarda de Uziel. Cierto que era un mujeriego y un manipulador, pero no era su “agradable” carácter lo que le enfurecía si no que estaba obligada a proteger a un demonio.

Uziel vivía por y para el placer. Su misión era corromper las almas de los hombres para condenarles al Infierno, y de paso librarse de ir al Paraíso –prisión de alta seguridad en medio del Inframundo– si no llegaba al cupo mensual de objetivos cumplidos.

¿Quién le iba a decir que desde el momento en que despertó en la morgue del hospital público, a dos días de Navidad, encontraría la luz que iluminaría su vida?

Un demonio excitado por un ángel, y que luchará por librarse de ir al Paraíso.

Un ángel Guardián que querrá deshacerse de su protegido, ansiosa de tener unas “vacaciones”.

Mientras, a su alrededor, la lucha entre el bien y el mal les salpicará a ambos.

¿El amor les salvará?

¿Y el deseo?

La línea que separa el bien del mal es muy fina, atrévete a traspasarla.

¿De qué lado estarás?



EXTRACTO 1


Uziel sonrió con burla.
—De igual modo, querida, a tu lado aprendí que la confianza es un mito y la traición es una realidad.
Beltaine respiró hondo y contestó:
—Está en nuestra naturaleza, Uziel. Somos criaturas nacidas para obrar el mal.
—No quiero tus excusas, Beltaine. Nunca te las pedí, ni las necesito ahora. Hazte un favor y lárgate de mi cuarto. ¿O no recuerdas la advertencia del Rector?
—No me importa las amenazas de ese demonio, por ti iría al Cielo.
—A tirarte a un Arcángel mientras esperas que te persiga. 


EXTRACTO 2


Ya ha vuelto a irse. Pensó Damaris al ver que su protegido miraba al vacío sin llegar a responderle a su pregunta.
—Ei, ¿me escuchas? — nada. No le hacía caso. Era frustrante. Aquel hombre era capaz de desquiciarla en cuestión de segundos. Le dio un empujón, al tiempo en que le gritaba —. ¡Hazme caso maldición!
Uziel parpadeó y se sobó el hombro donde fue golpeado antes de contestarle:
— Ya te lo estaba haciendo, ángel. No es necesario que te ensañes conmigo.
Por el modo en que le miró, Uziel supo que no le creía.
—¡Ah, sí! Con que me estabas escuchando, ¿eh? —Uziel asintió —, si es así dime qué te pregunté.
Uziel respondió lo primero que se le cruzó por la mente.
Craso error.
— ¿Por qué tardas tanto en cogerme sobre la cama?




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